Capilla de Arroyo hondo arriba

El padre Facundo Fernández, comparte su reflexión sobre el Sábado Santo; la invitación para que desde el silencio escuchemos la nueva melodía que trae Cristo Resucitado a la humanidad.

Ciudad del vaticano

En estos días donde muchos países están viviendo el distanciamiento social por la pandemia, es impactante el silencio de las grandes ciudades del mundo. Estamos acostumbrados a vivir aturdidos por los ruidos y las luces de las grandes megapolis. Pero hoy reina un profundo silencio en el mundo.

Esto nos ha permitido volver a escuchar los sencillos sonidos de la naturaleza que habitualmente no pueden atravesar los ensordecedores sonidos de la ciudad. Un silencio que nos habla también de su fragilidad y de su deterioro por tanta agresión que recibe cotidianamente. Como si esta pandemia le permitiese al mundo respirar por un momento. Un mundo que gime en silencio a causa de tanta violencia sufrida, pidiendo a gritos que nos detengamos, «clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella» (Laudato Si’ Nº2).

Hoy todo es silencio

En este Sábado Santo el silencio de nuestro mundo nos ayuda a entrar en otro silencio. El Hijo de Dios ha muerto y es sepultado. La tierra le ha dado un lugar para que repose en sus entrañas, porque también el cosmos, consciente de su fragilidad, desea recibir la redención del Salvador.

Un silencio que hoy nos dice muchas cosas. Nos habla de espera, de preparación, de deseo. Este día nos invita a hacer una pausa antes del Domingo de Resurrección, como el silencio musical en una partitura que espera expectante la nueva melodía que todo transformará.

Ojalá que también el silencio que reina estas semanas en nuestras ciudades, sea preparación y anticipo de una nueva melodía que la humanidad quiere interpretar en su relación con un planeta que pide a gritos que lo dejemos respirar.